La Biblioteca Comunitaria Niquía debe salvarse

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Hace 40 años no existía este espacio, sin embargo, un grupo de jóvenes de Niquía comenzó a materializar el sueño de tener un lugar en el que se aprendiera y compartiera desde la base del conocimiento: los libros. Al principio, los textos fueron donados, y con ellos se iban de casa en casa intentando enseñar, aunque no contaban con el espacio físico, la biblioteca ya viajaba por el barrio.

El párroco de ese momento Luis Gaviria, quiso ayudar, entonces convocó a los jóvenes para estos hicieran propuestas a la comunidad. El resultado fue casi 60 estudiantes, bachilleres y universitarios, manifestando la importancia y necesidad de un espacio para el conocimiento. Comenzaron a reunir mesas, sillas, libros y todo lo necesario para una biblioteca, el deseo de tenerla fue tan grande que seis meses después la Biblioteca Comunitaria Niquía nació formalmente. Los ánimos de los jóvenes conmovieron y convencieron al párroco, quien donó el espacio, el cual había sido construido por medio de convites en los que participó toda la comunidad. 

Foto 2Foto cortesía.

La biblioteca abría de 8 a.m a 8 p.m., el sentido de pertenencia llevó a que fueran los mismos estudiantes quienes cuidaran del espacio y de los libros, los jóvenes de Niquía que se apropiaron de la idea dejaron de ser pocos. 40 años la biblioteca fue gratuita y abierta al público. En ella, en silencio, se formaron personas sumergidas en sus libros.

Aunque muchas cosas han cambiado en ese barrio, hoy permanece el espíritu de aquellos jóvenes que visionaron la pertinencia de una biblioteca para la comunidad. Dentro de esas cuatro paredes, en compañía de cientos de libros que se mantienen en circulación con quienes visitan la biblioteca, también se desarrolla el  taller de lectura y  un  preuniversitario popular para jóvenes de bajos recursos.

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Sin embargo, como lo demuestra la historia de la humanidad, las grandes ideas siempre encuentran detractores. En los últimos 11 años el actual párroco, Jorge Mario Acosta Gómez, de la iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá, en contravía del deseo de su antecesor, solicitó el espacio porque lo considera obsoleto y poco productivo, desconociendo la labor histórica de la Biblioteca Comunitaria de Niquía. Este espacio ha servido para concentrar el movimiento cultural del sector: hace 10 años el grupo de teatro Tecoc practica y presenta allí sus obras y, además del preuniversitario y el club de lectura, también se hacen talleres de origami, pintura, fotografía y primeros auxilios, eventos que agrupan y educan tanto a jóvenes como a madres comunitarias.

 Analisisurbano.com, en aras de la responsabilidad social que debe tener el periodismo, decide unirse a este movimiento y pedir que se salve la Biblioteca Comunitaria de Niquía. La ciudad no cuenta con suficientes espacios comunitarios de educación y de cultura, y en un territorio de conflicto armado como es el Valle de Aburrá, esta carencia vuelve vulnerable a la población, especialmente a los jóvenes, quienes quedan en situación de riesgo específicamente ante el fenómeno de reclutamiento forzado.

 Ahora bien, es incomprensible que sea la iglesia quien reclame un espacio que ella misma donó. Que un párroco quiera cerrar una biblioteca porque la encuentra obsoleta a pesar de que su fin es educar a una comunidad, es como una versión moderna de la quema de libros que ordenaba la iglesia en la época del oscurantismo. Por tal razón, es importante iniciar un movimiento para salvar este espacio. Esto es sólo un precedente, hay que demostrar que la comunidad organizada, en pro de la educación, puede conseguir la correcta apropiación del territorio que habita.

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El hashtag del movimiento es #YoDefiendoMiBiblioteca, para ampliar la información, a su página en facebook se puede acceder dando click aquí.  El próximo sábado, 28 de febrero, a partir de las 2:00 p.m., en el Parque de la Chica, la comunidad llevará a cabo una jornada cultural por la defensa de la Biblioteca Comunitaria Niquía. Nuestra labor como periodistas no puede ser menos que la de poner a circular esta información, porque como dice Ray Bradbury, «sin bibliotecas, ¿qué nos quedaría?; no tendríamos pasado ni futuro».

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