Río Medellín: río de impunidad, la nueva morgue de la ciudad


Redacción Analisisurbano.com

Símbolo de la ciudad a nivel nacional por sus alumbrados en épocas decembrinas, centro y razón de ser del proyecto de intervención y renovación urbana Parque del Río Medellín, arteria principal de la ciudad y su área metropolitana y, desde el último lustro, uno de los vertederos de cadáveres que salvaguarda el crimen en el Valle de Aburra. Esto último es lo que ahora representa el río Medellín… y a nadie parece importarle.

Año tras año, desde el último lustro, el río Medellín trasporta más de un centenar de cuerpos que hacen parte del saldo criminal que deja la ciudad, y lo hace con una función específica: alejarlos de la zona del delito. El agua se lleva consigo las pruebas de un crimen, Juega con las estadísticas de muertes violentas entre municipios y, dada sea su suerte, termina por desaparecer a la víctima, convirtiéndolo en un afluente de impunidad.

Las cifras no se consiguen con facilidad, En la estación de Bomberos de Barbosa, su capitán, sin tabú alguno, afirma: “El año pasado fueron 10 cuerpo los que sacamos del río”, sin embargo, añade que “de los años anteriores no puedo decir nada porque el computador se dañó y ahí reposaba toda la información”. En la central de bomberos de Medellín, el capitán Valencia corta el tema de forma tajante con un “no estoy autorizado para dar esa información” y agrega un “llame al Dagred”. En el Dagred (Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Emergencia y Desastres) los funcionarios se entorpecen cuando reciben una llamada con esta consulta y no saben quién te consolida ese dato. Medicina Legal no revela  información con facilidad y casi siempre se requiere un derecho de petición, y ni hablar de Fiscalía.

En un conteo de lo registrado por los medios de comunicación en los últimos cinco años el dato supera los 100 cuerpos recuperados, pero no es una cifra fiel; el concejal de Medellín Luis Bernardo Vélez dice: “196 cuerpos han sido rescatados del río Medellín entre  el 2012 y noviembre de 2014”, pero no menciona cuáles son sus fuentes, aunque es el único que aporta un número exacto. El centenar que apareció sumó en la clandestina estadística pero los que no se recuperan ¿a dónde van? Río de Medellín, río de los desaparecidos, desaparece hasta las cifras.

Las romerías de la muerte

Un muerto entre sus aguas ya no escandaliza a nadie (aunque debiera) y hasta romerías de curiosos se forman en sus riberas. La muerte genera su penoso espectáculo en el que hasta un caballo abandonado puede robarse la atención que requiere la víctima, la multitud agrupada aplaude hasta que se escucha un “¿por qué te mataron si no te metías con nadie?”, pero el show acaba cuando las voces familiares gritan “fueron ellos, esos ‘hijueputas’ nos lo mataron” y el público se incomoda.

Yendo más allá de los cascos del corcel, es bueno preguntar por la romería que engalana a la muerte. Quiénes son los que asisten al cortejo: cámaras y teléfonos móviles guardan imágenes que satisfacen el morbo del que después quiere volver a mirar; mujeres y niños curiosean y algunas hasta se cubren del sol con sombrillas para resistir el calor mientras se observa; los periodistas registran la noticia y hay quienes pierden su atención en Pegaso, el equino; algunos hombres se indignan cuando se comprueba que es un cadáver el bulto atascado en la ribera y hasta expresan que ningún ser humano debiera ser tratado de esa manera; y otros miran, miran con extraña seriedad, con cara de control ilegal territorial, como supervisando que todo continua en orden y nada los puede afectar… Y finalmente la familia, foto impresa en mano, pregunta a los cercanos si el bulto que se avista es su familiar.

Se logra el rescate, se corrobora que es un cuerpo piernas y brazos amarrados, se sospecha la tortura. La bolsa blanca con la recuperación por fin llega a la ribera, un hombre se adelanta y en una presuroso ademan (que debió corresponder a policía judicial) destapa la bolsa, voltea su rostro y asiente, confirmando así que es el de la foto impresa que mostraban, el que estaba desaparecido, que es “el mello”, su familiar.

La historia se repite con cada cuerpo en diferentes sectores de este río de muerte, sólo varían las romerías. Los alcaldes no se pronuncian y las autoridades competentes no intervienen. Las multitudes siguen cortejando la muerte y los familiares continúan llegando a las riberas para confirman si el cuerpo que se extrae es el de su desaparecido, porque estos últimos entiende lo que la institucionalidad quiere ocultar: la morgue ya no queda en Medicina Legal, ahora los cadáveres deben buscarse en el río Medellín, río de impunidad.

Hoy, los restos de otra víctima flotaban en la quebrada La Limona del corregimiento de San Antonio de Prado y la romería no tardó en llegar, confirmando sólo una cosa: quien tiene desaparecidos acude al río Medellín y a las quebradas del Valle de Aburrá para buscar a sus familiares, porque la morgue trasladó allí su despacho.

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